lunes, abril 04, 2005

Visiones pequeñas

Ese cumpleaños lo quise pasar sólo con ella.
Me pasó a buscar a las siete, el sol de versailles en julio caía a las seis pero todavía había luz. Caminamos abrazados por Baigorria hasta la parada del 53, pisando las hojas y hablando, contándonos que nos habíamos extrañado.
Viajé del lado de la ventanilla, me la ofreció por ser mi día, al igual que la elección de la película. Yo elegí ver una de acción/suspenso que resultó ser un "bodrio" (debió serlo, ya que esa fue la palabra que María utilizó para adjetivar la película, y yo le creo). Cuando salimos a mitad de la película, decidimos esta vez democráticamente ir a comer pizza al Odeón, o a San Jorge.

Estábamos sentados en la mesa, luego de habernos extrañado y de haber pensado el uno en el otro con periodicidad. Nos contábamos qué cosas habían cambiado para nosotros, cómo había sido su vida después de que la echaron de casa, lo duro que le resultaba vivir en una pensión, todas cosas que venían para mí de un mundo lleno de emociones, de no-rutinas. Estábamos así cuando él llegó, comiendo el postre: una tarta de ricota y el vaso de coca que quedaba. Lo miré con cierto temor por la firmeza con la que avanzó hacia nosotros, pensé que podía pasarnos algo malo. María lo vio y le sonrió y yo volví a tener la sensación de que su vida estaba llena de vertigo. Le ofreció comer lo que quedaba con nosotros, él se sentó y le contó algunas cosas de su familia y de sus estudios.

No pude decir nada mientras estuvo. Todo ese rato traté de descifrar el código que se ocultaba detrás de eso, cómo podía ser que hubiera compartido parte de mi cumpleaños con un posible ladrón?, con otro hombre?.

Descifré ese acto secreto en el cuál se daban cita el peligro y la compasión de una forma muy humana, sólo me indicaba que estaba bien creer en la certera decisión: no la de haber elegido 007 como película, sino la de pasar mi único cumpleaños número 10 con mi hermana; ese día entendí un poco más las cosas.