jueves, abril 07, 2005

Vapuleado por injurias

Lloró detrás de su mostrador vacío, luego de que esa cliente con la cuál galanteaba hiciera la profanación más demente a la intimidad. Lloró y se abrazó a los monitores, a los teclados, a los electrones. Por el armazón que había construído con palabras se filtraban las injurias de un recelo desmedido, que lo dejaba desnudo en la vereda, atado a un poste de luz encendido.

Ya cansado se sentó a esperar que pase la tormenta, que su amor viejo lo rescate, y perdido en su propia nebulosa flotó en un sueño de incoherencias que intentaban tapar el dolor de ser expuesto a la mirada de los otros, de una forma que no era la esperada, no la que se veía de frente a su mostrador, sino la que se veía desde abajo, del otro lado.