sábado, abril 09, 2005

Siesta

Cercanas, la soledad y la muerte hablan, se tocan a propósito las pieles, se miran.

Juega el vuelo del sonido otro papel, vibrarán ellas su ondulado lenguaje y quedarán a la deriva, mirándose siempre.
Un silencio aparece y hace un hueco en ese mar de ondas, se congela el movimiento y ellas siguen, la mirada es más profunda aún, más sostenida.

Lloran. Fluyen por dentro esa quietud y caen en el hueco, inmóviles. El dinamismo del silencio es poderoso, es veloz. Ellas saben que no deben imponerse, deben seguir y llegar a donde sea que les toque, su deber es no hacer nada más que llegar, seguir el juego.

Llegan, hablan otra vez, bailan encauzadas en un viaje que es su único fruto, y nos miran sin mirar, se desploman y se arman nuevamente, desaparecen.

Su mirada es el destierro más completo y más lejano, serán tuyas un domingo de otoño y dormirás finalmente a su lado, serás sueño.